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09/05/2020 Sábado 4º de Pascua (Jn 14, 7-14)

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre.

Se lo dice a los discípulos en la sobremesa de la Última Cena. O sea, nos lo dice a todos. Antes había dicho a los piadosos fariseos que creían conocerle bien: No me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre (Jn 8, 19). Acaba de decir: Nadie va al Padre sino por mí (v 6). También había dicho: Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae (Jn 6, 44).

Al discípulo Felipe le gustaría tanto ver al Padre: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Respuesta de Jesús: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.

Cosa parecida nos sucede a nosotros, cristianos de toda la vida, que creemos conocer a Jesús. ¡Tanta catequesis, y tantos sacramentos, y tantas lecturas! Pero el conocimiento de Jesús nunca es suficiente. Comenzamos con lo que oímos, para pasar a lo que vivimos. Y lo que vivimos puede parecerse al buceo en una piscina, o al buceo en el océano; nunca tocamos fondo.

Felipe puede ser el patrón de quienes hacen preguntas; de quienes no están satisfechos con lo que ya conocen de Jesús. Es una pena ver a cristianos monolíticos, inamovibles, sin capacidad para hacer preguntas porque ya saben todas las respuestas. Después de su diálogo con Jesús, Felipe continuará sin entender. Pero acepta lo que dice Jesús, porque se fía plenamente de Él. Ya que no puede comprender más para creer mejor, creerá más para poder comprender mejor.

© 2019 Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra

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