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25/10/2022 Martes 30 (Lc 13, 18-21)

  • 24 oct 2022
  • 2 Min. de lectura

¿A qué se parece el reinado de Dios? Se parece a una semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto… Se parece a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de masa…

Son dos parábolas gemelas, dos caras de la misma moneda. La de la semilla de mostaza subraya la pequeñez y la insignificancia; la de la levadura, la fuerza y la eficacia.

Son parábolas especialmente oportunas para quienes añoran tiempos pasados, cuando los cristianos éramos los protagonistas; ahora nos vemos reducidos a simples comparsas. Deberíamos dar gracias a Dios; lo nuestro de hoy se parece más a lo que Jesús tenía en mente, a la semilla de mostaza y a la levadura. Se parece más también a las comunidades cristianas de san Pablo: Observad, hermanos, quiénes habéis sido llamados: no muchos sabios en lo humano, no muchos poderosos, no muchos nobles; antes bien, Dios ha elegido los locos del mundo para humillar a los sabios (1 Cor 1, 26-27).

A los humanos nos parece lógico identificar lo divino con lo grande y lo exitoso. Es lo opuesto a la lógica de Dios, que prefiere identificarse con la insignificancia y el fracaso; Él nos lo proclama desde Belén hasta la cruz.

Estas dos parábolas son una invitación del Señor a mirar con sus ojos tanto la historia del mundo como la mía personal. Son una invitación a vivir los tiempos mesiánicos, ya presentes, en todo su esplendor; más allá de las humildes apariencias. Son una invitación a vivir gozosamente en fe los pobres comienzos, más que a soñar con los grandiosos resultados finales. En la pobre realidad actual se esconde el reino en su plenitud. Donde mejor vemos esto es en la cruz.

 
 
 

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