10/10/2026 Sábado 27 (Lc 11, 27-28)
Cuando decía esto, una mujer de la multitud alzó la voz y dijo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!
Estaba hablando de algo tan poco divertido como los demonios. Pero, como aquella mujer estaba más pendiente de sus ojos que de sus oídos, fascinada por la persona de Jesús, levantó la voz y le dedicó el mejor de los piropos. La actitud de esta mujer es el reverso de la de los dirigentes judíos, siempre enfrentados a Jesús. ¡Qué bueno exponernos a la persona de Jesús, entendamos o no sus palabras, para dejarnos seducir por su Espíritu!
Jesús no responde, como podríamos esperar, con un gesto o palabra de gratitud. Su respuesta parece rechazar el piropo: Él replicó: ¡Dichosos, más bien, lo que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!
¿Estaría María escondida entre la multitud? ¿Habría oído las palabras de la mujer y las del hijo? Si así fue, le agradaron las palabras de la mujer; pero le agradaron mucho más las del hijo. Para ella ése es el mejor de los piropos.
Para Jesús, no hay discípulo mejor que su madre. Es ella quien mejor sabe escuchar a Palabra de Dios: Conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (Lc 2, 51). Y quien mejor la cumple: Aquí tienes a la esclava del Señor; que se cumpla en mí tu palabra (Lc 1, 38).
Si nosotros ponemos la Palabra de Dios en el centro de la oración y de la vida, seremos merecedores del mismo piropo. Hagamos espacio a la Palabra de Dios, dice el Papa Francisco. Comencemos por el Evangelio. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.
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