23/09/2026 San Pío de Pietrelcina (Lc 9, 1-6)
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
Les dio autoridad y poder. Su misma autoridad y poder. Se los dio a los Doce y se las da a todos los que creemos en Él. Porque, el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores que estas hará, porque yo voy al Padre (Jn 14, 12).
Los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. No es que los asuntos morales no cuenten; simplemente no pertenecen al corazón del Evangelio. Cuando se asume la Buena Noticia, lo moral nos viene dado por añadidura. Para predicar una moralidad no era necesario Jesús. Lo sabemos sin Él. Lo nuestro es predicarle a Él. Así comunicamos la mejor salud a quienes nos ven y escuchan.
Claro que esa autoridad suya y ese poder suyo recibidos deben ir acompañados de su mismo estilo de vida: No llevéis nada para el camino, ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero. Es la otra característica del evangelizador. Jesús nos pide no llevar nada con nosotros, excepto el deseo de proclamar el Reino de Dios. Nos pide no confiar en cualidades personales o en medios materiales. Nos pide vivir en pobreza de corazón, confiando únicamente en quien nos envía.
Los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Jesús insiste en la dedicación a curar a quienes no gozan de buena salud. Pero es que proclamar y curar no son cosas distintas. La fe en Jesús es fuente de bienestar y de salud, porque la fe en Jesús libera y vivifica el corazón.
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