25/09/2026 Viernes 25 (Lc 9, 18-22)
Les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ayer era Herodes el que se preguntaba: ¿Quién es éste? Hoy es Jesús quien pregunta a los discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Es una pregunta de preparación para la gran pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo? El propósito es conducir a todo discípulo al mejor conocimiento de Jesús. Para que, como dice San Pablo, podamos comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento, y os llenéis de toda la plenitud de Dios (Ef 3, 19).
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Ahora no saben responder. Solamente lo hace Pedro: Tú eres el Mesías de Dios. Es una confesión triunfalista que Jesús se encarga de refrenar. Sabe que esperan otra cosa de Él. Sabe que si no habla pronto la situación puede complicarse. Ellos esperan un Mesías grandioso. Han olvidado al Mesías proclamado en los cantos del Siervo de Yavé de Isaías. Y les anuncia un destino que ellos no comprenden: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado…, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
La tentación de la comunidad cristiana, de la Iglesia, será siempre la de un mesianismo triunfalista: la tentación del poder, apelando incluso a la fuerza y a los castigos. Todo, claro está, en nombre de Dios. Nuestro peor enemigo no está fuera, sino dentro. La cruz es la señal y el camino del cristiano. La muerte y la resurrección de Jesús nos hacen llegar a la plenitud del conocimiento y del amor de este Señor nuestro. Quien no abraza la cruz no sabe de conocimiento o amor auténticos.
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