27/09/2026 Domingo 26 (Mt 21, 28-32)
¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos.
A los dos les dice que vayan a trabajar a la viña. Uno se niega, pero luego se arrepiente y va; el otro dice que sí, pero no va. La parábola se parece a la del pródigo en la que el hermano mayor se muestra obediente pero no entra en la sala del banquete por no aceptar a su hermano. Hay cristianos que primero decimos sí y luego no. Decimos sí en asuntos de moralidad y de prácticas religiosas, para luego decir no mostrándonos duros y severos con los prójimos. Vienen a la mente el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano; personas piadosas que acuden al templo, pero se desentienden del malherido al borde del camino. Estemos atentos a no ser personas de mucha religión que vamos por la vida como tribunales ambulantes dictando sentencias.
En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el Reino de Dios.
Suena fuerte. Nadie se atrevería a decirlo si no lo hubiese dicho Jesús. Estas palabras tan fuertes nos ayudan a descubrir que Él nos salva sin juzgarnos, ya que Él asume nuestro pecado. No continuemos pensando que tenemos que ser buenos para salvarnos; convenzámonos de que ya estamos salvados. Así es cómo llegamos a entusiasmarnos con un Jesús infinitamente amable que nos regala una salvación que nunca podríamos merecer. Así es cómo llegamos a hacer nuestras las palabras de Pablo: Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rm 5, 20). Y también: De balde os han salvado por la fe, no por mérito vuestro, sino por don de Dios; no por las obras, para que nadie se jacte (Ef 2, 8-9).
Dios mira a las personas de modo distinto a como las miramos nosotros. Es evidente que aquellos a quienes condenamos son los que Él ha venido a salvar en primer lugar. Nosotros los piadosos debemos alegrarnos. ¡Enhorabuena por las prostitutas! ¡Enhorabuena por nosotros! Importa poco quién vaya por delante y quién por detrás.
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