28/08/2026 San Agustín (Mt 25, 1-13)
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El Reino de los Cielos será semejante a diez muchachas que salieron con sus lámparas a recibir al novio.
Es una parábola muy oportuna para establecer un diálogo de tú a tú con el Señor; como el de la Samaritana. Es que en la parábola hay cosas que sí y cosas que no.
¿Cosas que sí? Por ejemplo: Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.
Esto no nos sorprende tanto. Nos lo habías dicho en la parábola de los dos constructores (Mt 7): el necio construye sobre arena, el prudente sobre roca. Prefieres tratarnos de necios o prudentes, mejor que de buenos o malos.
¿Cosas que no? Por ejemplo: Las prudentes replicaron: No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras.
¿No deberían las prudentes ser más solidarias con las necias? Las prudentes, que son las buenas, ¿no deberían ser más solidarias con las necias?
¿Más cosas que no?: Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
Nos desconciertas, Señor. Porque tú nunca cierras la puerta. Es más, que abres la puerta de par en par y obligas a todos a entrar: Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa (Lc 14, 23). Es lo que hiciste personas tan necias como la Samaritana. ¿Qué nos quieres decir? ¿Quizá el secreto esté en: Las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda?
Esto sí está claro. Has dispuesto el corazón humano de manera que alcancemos la plena satisfacción únicamente uniéndonos a ti, el novio, en la casa del banquete: Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti (San Agustín).
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