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02/02/2025 Presentación del Señor (Lc 2, 22-40)

  • Foto del escritor: Angel Santesteban
    Angel Santesteban
  • 1 feb 2025
  • 2 Min. de lectura

Simeón tomó en brazos al niño y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Eran muchos los que iban y venían en aquella gran explanada del templo de Jerusalén. Unos, ocupados con sus negocios; otros, con sus devociones religiosas. Ninguno vio nada especial en el niño de José y María, excepto los dos ancianos Simeón y Ana. La gente, al oírles hablar, pensaría que los dos chocheaban. Algo parecido sucede hoy; muchos piensan que nosotros, los creyentes, estamos un poco tocados de la cabeza. No les falta razón, porque la fe es algo muy especial. Simeón y Ana son un buen ejemplo de lo extraordinario y lo gratuito de la fe. ¿Hasta qué punto podemos nosotros, creyentes, hacer nuestras las actitudes de gozo y de alabanza que vemos en Simeón y Ana? ¿Hasta qué punto nosotros, los de edad avanzada, podemos hacer del cántico de Simeón el bastón que nos acompañe en la última etapa de nuestra vida?

Simeón y Ana son un ejemplo de cómo llegar a mayores de manera elegante y saludable; de cómo convertirnos en buen vino, evitando convertirnos en vinagre. Si nos hemos convertido en buen vino y no en vinagre, seremos comprensivos con nosotros mismos y con los demás. Los años, o nos transfiguran o nos fosilizan. El espíritu no envejece; el verdadero envejecimiento no consiste en acumular años, sino en petrificarnos, haciéndonos rígidos e inflexibles. Superados los setenta, entendemos que nadie es perfecto; ni puede serlo. Las relaciones humanas, para ser buenas, no tienen que ser perfectas. Superados los setenta, entendemos que el secreto de la mejor convivencia es el perdón.

Recordemos de nuevo el cántico de Simeón: Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Hagamos de este cántico el bastón de nuestra jubilación. Nos ayudará a entregarnos serenamente al proceso de morir, conscientes de que todo comienza cuando el tiempo se acaba.

 
 
 

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