09/02/2025 Domingo 5º (Lc 5, 1-11)
- Angel Santesteban
- 8 feb
- 2 Min. de lectura
Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Pedro y Andrés son hermanos; y son pescadores. Esta mañana están frustrados. Cuando Jesús les pide que salgan a pescar, Pedro le responde: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada. Sin embargo Pedro, aunque sin mucha convicción, obedece: Pero, por tu palabra, echaré las redes.
Rema mar adentro es la invitación que Jesús nos hace a todos. Invitación a fiarnos de Él; especialmente cuando lo que nos propone parece poco razonable. Es una invitación a abandonar nuestras bien establecidas seguridades. Es una invitación a afrontar el riesgo de lo desconocido, de lo novedoso. Es que el Señor nos invita a todos, como invitó a Natanael, a cosas mayores. Y para conseguir esas cosas mayores hay que olvidarse de las cosas menores; para conseguir las cosas mejores hay que olvidarse de las cosas buenas. El conservadurismo, el inmovilismo, la dependencia del pasado, son formas de incredulidad inteligentemente camufladas de fidelidad.
Rema mar adentro. Se trata de confiar. Podemos, como Pedro y Andrés, ser expertos y tenerlo todo estudiado y bien planificado. Pero hay momentos en los que el Señor nos pide que olvidemos nuestra pericia y obedezcamos, aunque la cosa parezca no tener pies ni cabeza. Los frutos de nuestras tareas dependen solo del Señor.
La vida del cristiano, porque está supuesta a latir a ritmo de Evangelio, es una permanente aventura; prohibido instalarse en la costumbre, en la rutina o en la inoperancia, como el último de los siervos de la parábola de los talentos. La barca de la vida del cristiano no puede quedarse en la orilla; debe ir siempre mar adentro, impulsada por los remos de la fe y la confianza. A nosotros nos corresponde remar. Los frutos de la pesca…, eso es cosa del Señor.
Dice el Papa Francisco: Aceptemos, pues, la invitación: ahuyentemos el pesimismo y la desconfianza y entremos mar adentro con Jesús. Incluso nuestra pequeña barca vacía será testigo de una pesca milagrosa.
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