12/10/2026 Nuestra Señora del Pilar (Lc 11, 27-28)
Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
La devoción a la madre de Jesús está cimentada en estas palabras; o no pasará de ser un devoto espejismo, ya que se tratará de una María irreal e inalcanzable. Decía santa Teresita: Para que un sermón sobre la Virgen me guste y me aproveche, tiene que hacerme ver su vida real, no su vida imaginaria. Su vida real fue extremadamente sencilla. Nos la presentan inaccesible y habría que presentarla imitable. Decir que ella vivía de fe, igual que nosotros, y probarlo por el Evangelio donde leemos: No comprendieron lo que quería decir (Lc 2, 50).
En esta misma línea comentaba el Papa Francisco: ¿De qué María hablamos? ¿De la dichosa por haber creído en todo momento, o más bien de una santita a la que acudimos para conseguir gracias baratas? ¿De la María del Evangelio o de una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar? ¿Una María mejor que Cristo y más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros? ¿De qué María hablamos?
Esta fiesta de la Virgen del Pilar es una invitación a la alegría y al agradecimiento por la fe recibida y confirmada por la presencia de la Madre de Jesús. Decir pilar es decir roca; es decir solidez y seguridad. Y esto, en una muchacha tan delicada como María de Nazaret. ¿Cuál fue el pilar o roca de su vida? El Papa Benedicto responde: Deseo llamar la atención sobre la familiaridad de María con la Palabra de Dios. Ella habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios es convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios.
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