14/05/2026 San Matías (Jn 15, 9-17)
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En el libro de los Hechos vemos a Pedro pidiendo a la asamblea cubrir el puesto de Judas con uno de los que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros… Presentaron a dos… Echaron a suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles.
A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
A vosotros: A los que en aquel momento están con Él a la mesa, y a todo creyente de todo tiempo y lugar. Ser creyente no es en primer lugar cuestión de doctrinas o cumplimientos, sino de amor. Pero hay bautizados cuyas vidas están dominadas por el temor: En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el temor… Quien teme no ha alcanzado un amor perfecto (1 Jn 4, 18). La relación del creyente con Jesús debe ser de amistad, de familiaridad, de confianza. Santa Teresa escribe: Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: Él ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero.
Su mandamiento es el del amor: Amaos unos a otros como yo os he amado. Él no presenta su mandamiento como carga, sino como fuente de alegría y de paz.
Os he dicho esto para que participéis de mi alegría y vuestra alegría sea colmada.
Es una alegría que, como el amor, convive con el sufrimiento. Sin amor no hay alegría. Donde domina el egoísmo y las personas no saben quererse no hay alegría. La alegría es la irradiación del rostro de Dios en el creyente.
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