27/06/2026 Sábado 12 (Mt 8, 5-17)
- 26 jun
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Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que pronuncies una palabra y mi criado quedará sano.
Es la mayor autoridad de Cafarnaún. Se ha acercado humilde a Jesús, suplicando la salud de su criado. ¿De dónde semejante fe en un pagano? Cosas del Espíritu que sopla hacia donde quiere (Jn 3, 8). Porque no quiere molestar a Jesús, le pide que sane a su criado a distancia, de palabra. Este centurión romano, junto con la fe en Jesús ha recibido también el don de estar a bien con todos. Incluso los líderes judíos, enemigos del poder romano, interceden por él (Lc 7, 4). Este hombre se relaciona con todos desde la confianza.
¡Con qué facilidad consigue este hombre lo que pide! Ni se le pasa por la cabeza que Jesús pueda negarle el favor. Y cuando vuelve a casa, lo hace convencido de que lo dicho por Jesús se ha realizado, y lo vivirá con la mayor naturalidad. Para él, el milagro es tan natural como la salida del sol mañanero. Es un hombre pródigo en sencillez, poco dado a vehementes entusiasmos.
Vete y que suceda como has creído.
Jesús queda admirado de la fe del centurión; admirado y lleno de gozo ante las sorprendentes cosas de su Espíritu. Desde experiencias como ésta, dirá un día: Dios puede sacar hijos de Abrahán de las piedras (Lc 3, 8).
A propósito del gran don de la fe, el papa Francisco dice: La fe en nuestra vida hace una revolución que podríamos llamar copernicana. Nos quita del centro y pone en el centro a Dios. Cuando está Dios en nuestro corazón habita la paz, la dulzura, la alegría. ¿Estás dispuesto a entrar en esta onda de la revolución de la fe?
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