24/08/2026 San Bartolomé, apóstol (Jn 1, 45-51)
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Felipe encuentra a Natanael y le dice: Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
Natanael o Bartolomé; dos nombres de una misma persona. Felipe, entusiasmado con su descubrimiento, corre a compartirlo con su amigo Natanael. Quien encuentra a Jesús, sí o sí, se hace apóstol o misionero. Quien es seducido por Jesús, trata de seducir con Él a sus amigos.
¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Nazaret era una población humilde, desconocida; de hecho, nunca aparece mencionada en el Antiguo Testamento. Razón tiene Natanael para poner en duda que el Mesías proceda de un lugar de tan poco brillo.
Ven y verás.
Presentar a Jesús a personas que no le conocen es sencillo. Felipe lo hace muy bien. Felipe sabe que no es cuestión de enrollarse con prédicas; sabe que basta con acercar a nuestros amigos a Jesús. ¿Cómo se hace eso hoy? Poniendo los Evangelios en las manos de nuestros amigos.
Vio Jesús que se acercaba Natanael.
Es el primer encuentro. El contacto ocular entre los dos es tan breve como intenso. A partir de ese momento, Natanael se sabe conocido y querido; su vida da un vuelco. Lo mejor de la vida cristiana consiste en degustar ese saberse mirado y querido.
Has de ver cosas mayores.
Hemos de ver cosas mayores. Nunca debemos conformarnos con lo ya alcanzado. Nunca vivamos cómodamente instalados Cuando Jesús habla de cosas mayores piensa en el portentoso futuro que a todos nos espera; pero piensa también en el presente. También en el presente. El Evangelista Juan lo dice así en su primera carta: Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 4).
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