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01/01/2024 Santa María, Madre de Dios (Lc 2, 16-21)

  • 31 dic 2023
  • 2 Min. de lectura

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Una semana después de celebrar la fiesta del nacimiento del Niño, celebramos la fiesta de la Madre. Según la tradición judía, a los siete días del nacimiento se circuncidaba y se le daba nombre al niño; como hacemos nosotros con el bautismo. El Evangelio nos ha dicho: Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús.

El nombre de Jesús significa Dios salva. Nosotros, cristianos, creemos que Él es el Salvador; el que nos libera de todos nuestros enemigos, comenzando por los más peliagudos: esos que todos cobijamos en nuestro interior.

En este primer día del año nos acogemos a la Madre para que, como ella, también nosotros seamos una bendición para todos los que encontremos a lo largo del año. En este primer día del año en que celebramos la jornada mundial por la paz, recordamos que la mayor desgracia del ser humano es la falta de paz. Podríamos ir por la vida quejándonos de lo mal que van las cosas, del sin-sentido de la política, de la desorientación de la sociedad, de las guerras en el mundo… Mal asunto; una persona quejosa nunca será portadora de paz. Aquellos pastores que, después de postrarse ante el niño del pesebre, se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, ellos sí que son una buena inspiración para que también nosotros seamos portadores de paz.

María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Acercándonos a María en este primer día del año somos bendecidos y aprendemos a bendecir. El Papa Francisco dice: Ella, la bendita, fue bendición para todos los que la encontraron: para Isabel, para los esposos de Caná, para los Apóstoles en el Cenáculo. También nosotros estamos llamados a bendecir, a decir bien en nombre de Dios.

 
 
 

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