21/04/2026 San Anselmo (Jn 6, 30-35)
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La gente ha preguntado a Jesús: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?
El único trabajo que es preciso hacer es creer en Jesús. La obra querida por Dios es la fe, don suyo y obra suya. No hay vida divina sin fe en Jesús. No era fácil aceptar las palabras de Jesús para quienes le escuchaban; tenían a Moisés como mediador supremo ante Dios: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo (Salmo 78, 24). Para ir a Jesús y no tener más hambre, para creer en Jesús y no tener más sed, debemos olvidarnos de los Moisés y manás de nuestro pasado personal o colectivo.
El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Tampoco para los hombres de hoy es fácil aceptar a Jesús. No lo es porque la razón se subleva ante los incomprensibles misterios de Dios. Solamente los tocados por Dios lo aceptan: Nadie puede venir a mí si antes no lo atrae el Padre que me envió (Jn 6, 44).
Yo soy el pan de la vida: el que acude a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.
Todos somos buscadores de pan. Todos buscadores de todo lo que pensamos nos puede satisfacer. Con frecuencia pensamos encontrarlo en el éxito, el placer, el poder, el dinero… Cosas que no satisfacen. Al contrario, cosas que estropean el gusto y generan injusticia.
Jesús sabe que el Padre le pide no solo dar de comer a la gente, sino darse a sí mismo. Esto despierta en nosotros el estupor por el don de la Eucaristía. Renovemos este estupor (Papa Francisco).
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