02/05/2020 San Atanasio (Jn 6, 60-69)
- 1 may 2020
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Jesús dijo entonces a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos?
Según se desprende del texto, parece que la mayoría de los que hasta entonces habían acompañado a Jesús, se marcharon: Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él.
Esta vez no son las autoridades religiosas; tampoco sus paisanos de Nazaret. Esta vez, quienes le rechazan, son sus propios discípulos. Encuentran inaceptables sus palabras: Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?
Sorprende la reacción de Jesús. Ninguna señal de abatimiento. Como que le pareció normal el que, después de tanto tiempo, la mayoría de seguidores le abandonasen. Suponemos que si no se rasgó las vestiduras ante aquella descristianización, tampoco se rasgaría hoy ante la descristianización de nuestros tiempos.
A Jesús no le entusiasman las multitudes; no le entusiasman los que le siguen por los milagros que hace, o por haber nacido en un ambiente de cristiandad. La fe de las multitudes, con frecuencia, no es real. Porque lo fundamental del cristiano es creer en la persona de Jesús; creer en el Crucificado-Resucitado; ser capaz de proclamar ES EL SEÑOR.
¿También vosotros queréis marcharos?
Es un momento crítico cuando el verdadero seguidor de Jesús es sometido a prueba. ¿Por qué muchos se han ido y nosotros nos hemos quedado? El Papa Francisco dice que en nuestra propia historia podemos reconocer esta crisis, que a menudo son oportunidades para el crecimiento y la maduración de nuestra fe, desnudándola de falsas seguridades. Cuando de verdad se ha experimentado el encuentro liberador con Jesús y su mensaje, difícilmente otras palabras u ofertas de sentido pueden colmarnos: Señor, ¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
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