14/04/2026 Martes 2º de Pascua (Jn 3, 7b-15)
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No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo.
¡Nacer de nuevo! Difícil tarea. Aunque nada es difícil para el Espíritu de Jesús, el viento que sopla hacia donde quiere: que oyes su rumor, pero no sabes de dónde ni a dónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu. (Tanto en griego como en hebreo, la misma palabra designa al viento y al Espíritu). Para nacer de nuevo, el Papa Francisco nos pide: Agarra el Evangelio y lee lo que dice Jesús. Él tiene palabras de vida eterna para nosotros. Nosotros, con buena voluntad, emprendemos caminos que parecen del amor, pero en definitiva son egoísmos disfrazados de amor. Ten cuidado con los egoísmos disfrazados de amor. Escucha a Jesús. Él te va a decir cuál es el camino del amor.
Tú eres maestro de Israel, ¿y no entienden estas cosas?
Las cosas de Dios no son fáciles de entender. ¿Un hombre de carne y hueso que es Dios? ¿Un pedazo de pan que es el Cuerpo de Jesús? A santa Teresa no le preocupaba el no entender las cosas de Dios: Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver cómo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, ¿para qué nos queremos desvanecer?
Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, para que quien crea en Él tenga vida eterna.
Ha de ser levantado. Jesús, a través de Nicodemo, nos invita a nacer de nuevo; a poner los ojos solo en Él, haciendo del Crucificado-Resucitado referencia absoluta de vida. Jesús, a través de Nicodemo, nos invita a abrirnos a una vida absolutamente novedosa y maravillosa recibida gratuitamente de lo alto.
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