03/05/2020 Domingo 4º de Pascua (Jn 10, 1-10)
- 2 may 2020
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Él pastor llama a cada una por su nombre y las saca…, camina delante de ellas y ellas detrás de él, porque reconocen su voz.
Jesús es un buen poeta. La imagen del pastor y las ovejas destila belleza, sosiego, calidez, bienestar. Para el Papa Francisco la imagen del pastor expresa la opción incondicional de Jesús por aquellos a quienes ama más que a su misma vida. No se trata de unos pocos elegidos, sino de la humanidad entera. Jesús es la puerta de acceso a unas relaciones y a un mundo donde la gratuidad, la confianza y la lealtad son posibles y en ello apuesta su vida.
Todas las ovejas son suyas; todas. Porque el Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano (Jn 3, 35). Claro que el rebaño estará enteramente configurado solamente en la culminación de la plenitud de los tiempos; cuando sea un solo rebaño y un solo pastor (Jn 10, 16); cuando toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre (Flp 2, 11).
El pastor llama a cada una por su nombre y las saca… Para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Con esta parábola, Jesús nos está invitando a una relación personal con Él. Por eso no nos llama siervos; nos llama amigos. Y, como amigos que somos, quiere que disfrutemos de la vida; que tengamos vida en abundancia. Claro que si no es posible describir los colores a un ciego, tampoco es posible describir esta vida en abundancia a la persona que no tiene una relación personal con Jesús, por muy piadosa que sea esa persona. Quien ha entrado por la Puerta, ha entrado en un mundo nuevo; lo ve y lo vive todo de manera maravillosamente distinta.
A nosotros los creyentes nos ha llamado por nuestro nombre. La mejor manera de corresponder a semejante privilegio será amar la vida y hacer lo posible para que otros también la tengan en abundancia.
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