03/05/2026 Domingo 5º de Pascua (Jn 14, 1-12)
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No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.
Son palabras que forman parte del discurso de despedida de la última cena. Jesús intenta serenar a los discípulos antes de la terrible prueba que les aguarda. ¡Cuánto insiste Jesús en esto! Nos quiere seguros, tranquilos; que nada turbe nuestra serenidad interior. Su saludo es: ¡Paz a vosotros! La razón de su venida al mundo es que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). Como dice el salmo, mantengámonos en paz y silencio, como niño en el regazo materno (Salmo 131). Como dice San Pedro en su primera carta, confiemos a Él todas nuestras preocupaciones pues Él cuida de nosotros (1 P 5, 7). Como dice Santa Teresa, nada te turbe, nada te espante. Vivamos el hoy sin dejarnos condicionar por el pasado y sin permitir que las penas del momento presente nos arrastren. Vivamos el presente mirando hacia la meta, hacia arriba. Vivamos el presente, como dice San Pablo, iluminados por la palabra de Dios, cantando a Dios, de corazón y agradecidos, salmos, himnos y cánticos inspirados. Y todo cuanto hagamos, de palabra o de obra, hagámoslo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él (Col 3, 16-17).
Nosotros, los creyentes, deberíamos ir por la vida con una actitud interior de confianza absoluta en quien sabemos que nos quiere más de lo que un papá o una mamá quieren a su bebé. Con esa actitud de confianza absoluta superaremos fácilmente cualquier dificultad; superaremos las fragilidades propias y ajenas. Con esa actitud de confianza absoluta, como dice el Papa Francisco, nos liberaremos de cálculos obsesivos, de la constante preocupación por el futuro y de los temores que quitan la paz.
Es cosa sabia adoptar una breve muletilla como bastón de nuestra vida; una muletilla que repetiremos con frecuencia. Por ejemplo, la del Señor Jesús: No se turbe vuestro corazón. O la de Santa Teresa: Nada te turbe, nada te espante.
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