01/05/2026 San José Obrero (Mt 13, 54-58)
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¿De dónde la viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero?
Apenas comienza Jesús su vida pública, su fama se extiende por toda Galilea. Hoy visita su pueblo. Pero este, su primer encuentro con sus paisanos, acaba en decepción: Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros por su falta de fe.
Los nazarenos piensan que no es normal aquella sabiduría y aquellos milagros en uno como ellos. Es una opinión común y universal. Pensamos que lo extraordinariamente divino no puede llegarnos a través de personas extraordinariamente humanas. Sin embargo, con San José, el hombre discreto y humilde, Dios nos muestra exactamente lo contrario. Pensamos también que la sociedad está manejada por los poderosos de turno. Sin embargo, la sintonía con el Evangelio en general y con San José en particular, nos muestra cómo, a pesar de la arrogancia y la violencia de jerarquías políticas, económicas o religiosas, Dios nunca pierda el control del mundo y siempre sigue en su camino de salvación.
La contemplación silenciosa del San José del Evangelio infunde sabiduría y fuerza para acoger la vida tal como llega: con sus cruces, decepciones y contradicciones.
Seguir a San José es seguir el camino del silencio, de la oración. Es ahí donde el ángel de Dios revela la voluntad de Dios. Seguir a San José es seguir el camino del trabajo como servicio. Las devociones practicadas por San José se condensan en el servicio. Seguir a San José es seguir el camino de la fe. José lo acepta todo en fe oscura, sin entenderlo: Ellos no comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 50).
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