04/05/2026 Lunes 5º de Pascua (Jn 14, 21-26)
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Le dice Judas, no el Iscariote: ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?
El tema, con distintas formulaciones, aparece varias veces en los Evangelios. Hoy, Jesús parece no responder a la pregunta. En otras ocasiones sí que responde. Como cuando, en la parábola de los viñadores, el dueño de la viña dice a quien se queja de recibir el mismo salario que otro que ha trabajado solo una hora: ¿No puedo disponer de mis bienes como me parezca? (Mt 20, 15). O como, cuando responde a Pedro que se interesa por su amigo Juan: Si yo quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme (Jn 21, 22).
En su respuesta a Judas, no el Iscariote, Jesús nos dice en qué nos debemos ocupar y en qué no nos debemos ocupar: El que me ama guardará mi palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Es una frase muy reveladora; estamos llenos de Dios, del Dios Trinidad. Santa Teresa dice a sus monjas: No nos imaginemos huecas en lo interior. Jesús nos está llamando a un encuentro personal e íntimo con Él. Encuentro que conduce a una existencia novedosa e imprevisible: Has de ver cosas mayores (Jn 1, 50).
El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os dije.
Los humanos, buscando caminos de espiritualidad, nos adherimos con frecuencia a propuestas confusas, esotéricas, poco eficaces. El verdadero camino es el del Espíritu: El Espíritu os enseñará todo, es decir, hará crecer la fe, nos introducirá en el misterio. El Espíritu es el don de Dios (Papa Francisco).
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