04/07/2026 Sábado 13 (Mt 9, 14-17)
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¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, mientras que tus discípulos no ayunan?
Los discípulos del Bautista, buena gente y bien intencionados, se acercan a Jesús escandalizados porque no es fiel a los ayunos prescritos por ley o tradición. La respuesta de Jesús no les tranquiliza; no están capacitados para entenderla: ¿Pueden los invitados a la boda hacer duelo mientras el novio está con ellos?
Jesús se apropia de la imagen nupcial que el Antiguo Testamento aplica a las relaciones de Dios con Israel. El libro del Apocalipsis lo proclama: ¡Aleluya, ya reina el Señor, Dios Todopoderoso! Hagámosle fiesta alegre dándole gloria, porque ha llegado la boda del Cordero, y la novia está preparada (Apo 19, 6-7).
Los discípulos del Bautista, igual que todos los que entienden la religión en términos de ley y cumplimiento, suelen adoptar rostros serios, fúnebres. Quienes seguimos a Jesús y entendemos la religión en términos de amor y gratuidad, adoptamos rostros alegres, de fiesta de bodas.
El vino nuevo se echa en odres nuevos y los dos se conservan.
San Pablo escribe: Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo (2 Cor 5, 17). Y el Apocalipsis: Ya no habrá muerte ni pena ni llanto ni dolor. Todo lo antiguo ha pasado (Apo 21, 4-5).
Jesús es el vino nuevo que revienta los odres viejos. Ahora ya no es cuestión de presentar nuestras buenas obras a Dios; ahora se trata de dejarse abrazar por Abbá. Así de sencillo.
El Evangelio es novedad, el Evangelio es fiesta. Y solamente se puede vivir plenamente el Evangelio en un corazón gozoso y en un corazón renovado. Que el Señor nos dé la gracia de la alegría y de la libertad que nos trae el Evangelio (Papa Francisco).
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