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04/10/2023 San Francisco de Asís (Lc 9, 57-62)

  • 3 oct 2023
  • 2 Min. de lectura

Mientras iban de camino.

Jesús acaba de comenzar su viaje a Jerusalén (Lc 9, 51). El viaje durará nada menos que diez capítulos; hasta que el Evangelista nos diga que al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella (Lc 19, 41). Antes de dar inicio al viaje, ha anunciado a los discípulos en dos ocasiones su trágico final en Jerusalén. Y mientras van de camino, se presentan tres posibles candidatos al discipulado.

El primero de ellos parece tenerlo todo claro y decidido: Te seguiré adonde vayas. La iniciativa es suya; suya la plena disponibilidad. ¿Puede haber mejor disposición? El caso es que, tras las palabras poco acogedoras de Jesús, no sabemos si se unió o no se unió al grupo de primeros cristianos.


La segunda candidatura es muy distinta. Ahora la iniciativa es de Jesús: Sígueme. Pero el llamado pone condiciones; condiciones, por cierto, muy comprensibles. Jesús no las acepta. Probablemente, tampoco este candidato se unió al grupo de aquellos primeros cristianos.


El tercer candidato se ofrece a Jesús por iniciativa propia, pero pretende un seguimiento a la carta: Permíteme que me despida antes de mi familia. Jesús lo rechaza. No podemos menos que recordar al joven rico que también buscaba un discipulado a la carta, según sus ideas. En nuestros días se dan estos tipos de candidatos que pretenden ser buenos cristianos, pero con sus propias reglas. Como desconocen el Evangelio, creen que lo cristiano debe ser menos liberal y más ascético.


Jesús no recibe a nadie con brazos abiertos. No promete garantías ni ofrece seguridades: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Las reglas del juego las establece Él. Para conocerlas hay que familiarizarse con los Evangelios.

 
 
 

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