28/02/2026 Sábado 1º de Cuaresma (Mt 5, 43-48)
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El Evangelio de hoy comienza así: Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.
El Evangelio de hoy concluye así: Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.
Estamos ante un retrato de Jesús: pasó por el mundo haciendo el bien (Hch 10, 38). El amor no lleva cuenta del mal…; todo lo perdona (1 Cor 13, 5-7). El amor gratuito, sin merecimientos ni intereses de por medio, es la mejor imitación del amor de Dios. ¿Es esto difícil para alguien tan egocéntrico como el ser humano? No lo es si lo pedimos y nos dejamos llenar del Espíritu capaz de transformar un corazón de piedra en un corazón de carne (Ez 36, 26).
Renunciar a la violencia, también la interior, es señal de pertenecer al Reino de Dios; es señal de situarnos en la longitud de onda del Padre celestial. Así somos verdaderos hijos de Dios. La perfección consiste en el amor y la misericordia.
El Padre del cielo es bueno con todos: hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. Y tiene abierta la puerta del banquete para el hijo sensato y para el insensato.
Nos es necesario acercarnos y sumergirnos a diario en la fuente donde empaparnos de la misericordia que desborda el corazón del Padre. Y convencernos de que ser buenos no consiste en resultados exitosos personales o sociales, sino en ser misericordiosos como el Padre.
A quien quiere seguirle, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones (Papa Francisco).
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