04/11/2026 San Carlos Borromeo (Lc 14, 25-33)
Le seguía una gran multitud.
Era muy popular…, hasta que dejó de serlo; hasta que se quedó con unos pocos. No puso ningún empeño en garantizarse el seguimiento de las multitudes. Al contrario, impuso condiciones muy radicales: Si alguno acude a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo.
No es que Jesús pida dejar de querer a los familiares. Pide que Él sea lo prioritario en la vida. Como cuando uno se enamora; las demás personas pasan a segundo plano. Desde este enamoramiento entendemos bien las parábolas del constructor y del rey.
Si un rey va a trabar batalla con otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil?
El salmo 33 canta: No vence un rey por su gran ejército. De nada sirve la caballería para la victoria. El ojo del Señor mira a sus fieles que esperan en su amor.
Jesús dirá: Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5). Con él todo es posible. Lo sabe san Pablo: Seguiré gloriándome en mis flaquezas para que habite en mí la fuerza de Cristo. Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte (2 Cor 12, 9-10). Y santa Teresa: Siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿por qué no he de tener fortaleza para combatirme con todo el infierno?
A Jesús le encanta que el discípulo, confiando en Él, se entusiasme con grandes ideales y empresas audaces. Porque a vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino, pero a ellos no (Mt 13, 11).
Comentarios