01/11/2026 Todos los Santos (Mt 5, 1-12a)
Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos. En esta fiesta de Todos los Santos Jesús nos muestra el camino de la dicha, de la vida en abundancia. Jesús presenta el reinado de Dios no como un camino áspero de severa austeridad, sino como un gozoso espacio de plenitud.
Dichosos. A quienes escuchan, las palabras de Jesús les hacen intuir que la dicha es posible. A pesar de lo duro de la vida, y a pesar de que lo escuchado parece contradecir los caminos convencionales que parecen conducir a la felicidad.
Celebramos la fiesta de Todos los Santos; la fiesta de la santidad. Solo Dios es santo, y Él quiere compartir su santidad con todos sus hijos amándonos hasta el extremo. Las dos palabras, amor y santidad, pueden considerarse como sinónimas: En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados (1 Jn 4, 10).
Celebrando esta fiesta de Todos los Santos celebramos nuestra fiesta. No tengamos reparos en proclamar que todos somos santos. Somos santos con su santidad, no con la nuestra. No empobrezcamos esta fiesta pensando únicamente en los santos conocidos universalmente.
Hay algunos santos muy conocidos; la mayoría son anónimos. No hay santos grandes y santos pequeños. La santidad es la misma en todos. Como la savia que recorre las ramas grandes y pequeñas del árbol.
Santo es todo aquel tocado por el amor de Dios. ¿Quién no lo es? Todos los somos: Hechura suya somos (Ef 2, 10). El Amor de Dios lo puede todo. No hay obstáculo insuperable para Él: Cambia el desierto en estanque, la árida tierra en manantial (Salmo 107, 35). Su poder más extraordinario consiste en hacer que todo corazón, por rebelde que sea, llegue finalmente a aceptar su amor con plena libertad.
Dichosos. Dichosos todos nosotros, hermanos, que somos amados con un amor que sobrepasa toda imaginación.
Comentarios