02/11/2026 Todos los Difuntos (Jn 14, 1-6)
Cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.
Durante la última cena Jesús anuncia su partida a los suyos. Intenta tranquilizarlos; intenta que no se vengan abajo cuando, dentro de unas horas, le vean colgado de una cruz. Jesús podría decirles que deberían alegrarse ya que su muerte en cruz será la más grandiosa manifestación del amor de Dios por todos y cada uno de los hombres y mujeres de todo tiempo y de todo lugar; no lo habrían entendido.
En esta celebración de los difuntos tenemos un recuerdo especial de nuestros difuntos más cercanos y queridos. Recuerdo que consistirá en dar gracias al Señor por su vida y en pedir su constante compañía e intercesión ahora que gozan de la plenitud de la vida.
Esta celebración de los difuntos es una invitación a mirar a los ojos a la hermana muerte. Lo hacemos con los ojos de un gran creyente: Morir sólo es morir. Morir se acaba. - Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva, - y encontrar lo que tanto se buscaba (M. Descalzo). Si cuando nacemos morimos a la vida en el seno materno, cuando morimos nacemos a la plenitud de la vida.
Ante la tumba de su amigo Lázaro, Jesús dice a su amiga Marta y a todos nosotros: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? (Jn 11, 25). Respondemos que sí. Esta fe nos debe llevar al abandono en manos del Señor en la enfermedad, en la ancianidad… La muerte será el definitivo acto de abandono.
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