06/11/2026 Santos Pedro Poveda y compañeros (Lc 16,1-8)
El amo alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado.
Las tres parábolas anteriores, las de la misericordia, iban dirigidas a los profesionales de la religión, escribas y fariseos. Ésta de hoy va dirigida a los discípulos, a nosotros.
El amo, olvidando la deshonestidad del administrador, alaba su sagacidad. Nos hace evocar aquello de: Sed cautos como serpientes y cándidos como palomas (Mt 10, 16). Y nos recuerda la parábola de los talentos en la que acaba malparado el criado que no sabe afrontar una situación que exigía iniciativa y audacia. Es verdad que el reino es de los humildes y sencillos, pero la humildad y la sencillez no tienen nada que ver con la resignación o el conformismo. Sí tienen que ver con una mayor capacidad para gestionar los momentos difíciles que a todos nos toca vivir. El humilde y sencillo, en lugar de quejarse de la oscuridad, enciende una vela.
El amo alaba al administrador porque sabe darse tiempo para reflexionar. Es entonces cuando le pone perspectiva a su vida; perspectiva de futuro. Hasta ese momento de crisis vivía como el personaje del salmo: El hombre en la opulencia no comprende: es como las bestias que perecen (Samo 49, 20). En nuestra sociedad abundan las personas que han olvidado la reflexión. Han permitido que pantallas y medios de comunicación hagan de ellos pobres papagayos.
Comenta el Papa Francisco: Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho, con el bien. Quien ha causado lágrimas, haga feliz a alguien; quien ha quitado indebidamente, done a quien está en necesidad. Haciendo así, seremos alabados por el Señor porque hemos actuado con astucia.
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