09/05/2026 Sábado 5º de Pascua (Jn 15, 18-21)
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Si el mundo os odia, sabed que primero me odió a mí.
¡El mundo! No os extrañéis, dice San Juan en su primera carta, si el mundo os odia (1 Jn 3, 13). El mundo: es todo aquello que se enfrenta al advenimiento del Reino de Dios. San Pablo escribe: Pues no peleáis contra seres de carne y hueso, sino contra las autoridades, contra las potestades, contra los soberanos de estas tinieblas, contra espíritus malignos del aire (Ef 6, 12). Y, sin embargo, tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único (Jn 3, 16). Y así es cómo la luz brilló en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron (Jn 1, 5). Así es cómo las tinieblas fueron derrotadas: Tened valor; yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). Así es cómo vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, bajando del cielo, de Dios, preparada como novia que se arregla para el novio (Apo 21, 1-2).
La línea fronteriza que separa lo que es mundo y de lo que no lo es, pasa por el centro de todo corazón humano. También el de los buenos. Cosa evidente cuando los buenos nos disponemos a apedrear de pensamiento, palabra u obra, a todo adúltero o corrupto. El seguidor de Jesús no debe dejarse guiar por las actitudes del mundo, sino por la actitud de Jesús. Cuando así sea, empatizaremos mejor con los más pobres y pecadores.
No nos maravillemos de que el mundo nos odie. Lo nuestro es ir contracorriente. Seremos tratados de retrógrados y oscurantistas. La persecución, de sangre o de sarcasmo, está supuesta a ser nuestra compañera de viaje: Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros.
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