10/09/2026 Jueves 23 (Lc 6, 27-38)
A vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, tratad bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian.
A vosotros los que me escucháis. No lo dice a todos; lo dice a quienes le escuchamos: a nosotros, creyentes. El amor que pide Jesús es cosa de Dios…, y de quien lo pide: Pedid y se os dará (Lc 11, 9).
Amad a vuestros enemigos. A diferencia del amor pasional y egoísta, la caridad es amor de benevolencia que quiere el bien del otro. Su fuente está en Dios porque Dios es amor, y nosotros amamos porque Él nos amó primero (1 Jn 4, 19). El amor-caridad a hermanos y enemigos es consecuencia necesaria y verdadera prueba del amor de Dios. El amor-caridad abre al hombre a un conocimiento espiritual del misterio de Dios y del amor de Cristo que supera todo conocimiento (Ef 3, 19).
Jesús nos está dando las pinceladas fundamentales de la verdadera identidad del cristiano. Para contemplar a hermanos y enemigos como los contempla Dios, es necesario contemplar antes al Dios hecho hombre. Así aprendemos a ser como Él, compasivos como vuestro Padre es compasivo. Quien no perdona y ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor (1 Jn 4, 8) y perdón.
Benedicto XVI habla así del amor: El amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor. El amor es éxtasis, pero no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí; hacia el descubrimiento de Dios.
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