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11/06/2020 San Bernabé, Apóstol (Mt 5, 20-26)

Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

San Pablo, fariseo antes de su conversión, conocía bien el ideal fariseo de santidad: una conducta conforme a la ley. Un buen fariseo era intachable, legalmente hablando. Para Jesús es insuficiente. Como para el Pablo de después de su conversión: Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo (Flp 3, 7-8).

Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo…

Esta fórmula de ruptura con el pasado se repite seis veces. Jesús no elimina los mandamientos del pasado; los lee a la luz de la nueva realidad del Reino en que el Padre y el prójimo privan de protagonismo a la ley. Evitaremos todo daño a los prójimos vistos como hijos de Dios y como hermanos.

Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y vete primero a reconciliarte con tu hermano.

La justicia del Evangelio es algo más profundo que el cumplimiento de la ley; es compasión y perdón. El culto cristiano se realiza en el sacramento de la projimidad. Por eso, como señala el texto, antes de llevar la ofrenda al altar hay que hacerse consciente de las fracturas y heridas que podemos estar provocando a nuestro alrededor, muchas veces bajo capa de bien, y buscar formas de reparación y reconciliación (Papa Francisco).

© 2019 Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra

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