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12/05/2020 Martes 5º de Pascua (Jn 14, 27-31a)

Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.

El saludo de Jesús a los discípulos, como vemos en las apariciones del Resucitado, es un saludo de paz: La paz con vosotros. Los discípulos, como vemos en la celebración eucarística, seguimos el ejemplo del Maestro. No es un saludo rutinario o convencional; es comunicación de la vida en abundancia que Él nos trajo. La paz es el don del Espíritu del Padre y del Hijo; es fruto de la fe, de la confianza absoluta en el Amor como explicación última de todo. La paz es una fuerza que supera todo obstáculo desde la certeza absoluta de la victoria final.

Claro que esta paz, que es don del Espíritu del Padre y del Hijo, es una paz que convive con el conflicto. Bien lo sabía san Pablo: ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! (Rm 7, 24-25).

Si de verdad me amáis, debierais alegraros al oírme decir que me voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo.

El sufrimiento y la muerte de Jesús, igual que el sufrimiento y la muerte del discípulo, son pasos necesarios a una vida mejor. La fe no nos priva de luchas y angustias. Basta contemplar a Jesús en los momentos más terribles de Getsemaní o de la cruz. Pero la fe será el mejor acompañante cuando nos veamos envueltos en tinieblas: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero, ¡ánimo!; yo he vencido al mundo (Jn 16, 33).

© 2019 Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra

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