12/09/2026 Sábado 23 (Lc 6, 43-49)
No hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno.
La salud de un árbol comienza en las raíces. Si las raíces no están sanas, todo el árbol está enfermo y no produce buenos frutos. Las raíces del hombre están en el corazón: De lo que rebosa el corazón habla la boca. Un corazón violento no puede producir paz. La historia es pródiga en movimientos de liberación que terminaron imponiendo la misma opresión contra la que lucharon. Quien lleva consigo odio y afán de poder nunca podrá liberar a nadie. No podemos dar lo que no tenemos. Cuidemos las raíces; de ellas depende la calidad de los frutos. Cuidemos el corazón; prefiramos la sencillez a la aparatosidad, la verdad a la apariencia. No seamos barrocos sustituyendo interioridad por exterioridad.
Os voy a explicar a quién se parece el que acude a mí, escucha mis palabras y las pone por obra. Se parece a uno que iba a construir una casa; cavó, ahondó y colocó un cimiento sobre la roca.
Comentaba el Papa Francisco: Todo lo que hay que hacer en la vida es escuchar a Jesús. Toma el Evangelio, léelo y escucha lo que Jesús dice a tu corazón. Porque Él tiene palabras de vida eterna.
Roca; es la palabra clave. La roca hace que una casa, una vida, se mantenga firme frente a toda clase de tormentas. En la Escritura la palabra ROCA se aplica a la Palabra de Dios. Hay que escucharla y cumplirla. No vivamos sobre cimientos de arena como la costumbre o la rutina; nos hundiremos fácilmente. Vivamos cimentados en la roca de los Evangelios; ellos sean compañeros inseparables de oración y de vida.
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