13/07/2026 Lunes 15 (Mt 10, 34 - 11, 1)
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Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí.
Hace poco ha hablado de la paz (Mt 10, 13). Más adelante dirá que ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). Pero todo tiene un precio. Como el amor. Porque cuando uno se enamora deja de lado otros posibles amores; lo hace con toda naturalidad. La verdad es que Jesús no nos dice que amemos menos a nuestros seres queridos. Nos dice que Él debe ser siempre nuestro primer amor. Desde ese primer amor amaremos mejor a todos, con un amor que no sabe de exclusividad ni de posesividad. Recordemos, por otra parte, que Jesús conoció la incomprensión de sus propios familiares (Mc 3, 21), hombres y mujeres convencidos de quererle mucho y de buscar su bien.
Quien no tome su cruz para seguirme, no es digno de mí.
¿Quizá estas palabras tan radicales de Jesús en el Evangelio de hoy vayan dirigidas a unas pocas personas, como frailes y monjas, y no al común de los cristianos? Porque la introducción decía: Jesús dijo a sus apóstoles. ¿Quizá esté ahí la explicación? ¿Será que en el seguimiento de Jesús hay dos categorías? No. El ser cristiano significa seguir a Cristo con todas sus consecuencias y exigencias. Todos con la misma radicalidad. No hay medias tintas.
Entre los seguidores de Jesús hay una tendencia a desdramatizar la radicalidad del seguimiento. Como Pedro, sentimos la tentación de llevar Jesús aparte para aconsejarle cómo debe ser la cosa: sin dramatismos. Nada de eso; ser cristiano es ser seguidor de Jesús hasta el final, hasta Jerusalén, hasta la cruz: El que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí.
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