13/09/2026 Domingo 24 (Mt 18, 21-35)
Así os tratará mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.
Aquel rey que perdonó la enorme deuda de aquel criado, lo hizo solamente porque el criado se lo suplicó; así de sencillo. A nosotros se nos perdonan nuestras deudas porque se lo suplicamos; así de sencillo también. Somos perdonados en el sacramento de la confesión, en el acto penitencial de la misa, en el rezo del Padrenuestro; siempre que lo suplicamos. El perdón recibido lo demostramos perdonando, porque somos perdonados tal como nosotros perdonamos. Así lo decimos en el Padrenuestro.
El perdón no es una buena acción que podemos hacer o dejar de hacer, no; el perdón es absolutamente indispensable en una vida cristiana. Si no lo hay, no hay vida cristiana. Además, el perdón es necesario para toda convivencia: la social, la familiar, la religiosa. El perdón es necesario para el bienestar y la paz. Comenzando por el bienestar y la paz propios. Quien no perdona tiene el corazón herido y el perdón sana esas heridas.
En la parábola resulta extraño que alguien perdonado con tanta generosidad se muestre inmisericorde con su compañero. Pero esa es la condición humana. El perdón no es fácil. Requiere un proceso cuyo primer paso es desearlo, sin instalarse en el victimismo o en el resentimiento.
San Pablo nos dice: Revestíos de entrañas de misericordia…; soportaos mutuamente; perdonaos si alguien tiene queja de otro; como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros (Col 3, 12-13).
Así os tratará mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.
Haremos bien si, al comenzar la misa con el acto penitencial, presentamos al Señor los nombres de las personas de las que nos sentimos distanciados, traicionados, ninguneados. Nos sobreponemos a sentimientos virulentos y pedimos sinceramente al Señor que los bendiga. Él nos pide que amemos a nuestros enemigos y recemos por los que nos fastidian. También nos pide que si, cuando venimos a misa, nos acordamos de que un hermano tiene algo contra nosotros, nos reconciliemos primero con el hermano.
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