13/10/2026 Martes 28 (Lc 11, 37-41)
Vosotros los fariseos limpiáis por fuera la copa y el plato, cuando por dentro estáis llenos de robos y malicia. ¿Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
Jesús no se encuentra cómodo en ambientes fariseos en los que se cuida tanto de lo exterior que llega a descuidarse lo interior. Uno se pregunta si se encontraría cómodo en nuestras iglesias de estilo barroco, tan llenas de florituras y tan vacías de la sencillez del románico o de la espiritualidad del gótico.
Pero hoy en día el cuidado de lo exterior se centra en el cuerpo. Vemos cómo los gimnasios brotan como hongos. Se atiende a lo exterior, olvidando lo interior. Así es cómo resultan purezas poco puras, y saludes poco saludables. Nunca se ha sufrido tanto de enfermedades mentales como en nuestros días. Claro que la limpieza y la salud del cuerpo son importantes; pero más importantes son la limpieza y la salud de la mente y del espíritu. La receta para la mejor salud, para una vida en abundancia es:
Dad, más bien, lo interior en limosna y tendréis todo limpio.
Nuestro interior debe ser un interior abierto; sin máscaras de fachadas, ni corazas de murallas. Como en la visión del profeta Zacarías en la que el Señor quiere que Jerusalén sea una ciudad abierta: Jerusalén será habitada como ciudad abierta, debido a la multitud de hombres y ganados que albergará en su interior. Y seré para ella muralla de fuego en torno y gloria dentro de ella (Za 2, 8-9). Solamente así seremos capaces de salir de nosotros mismos y de ofrecer la mejor de las limosnas: la del propio ser.
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