14/10/2026 Miércoles 28 (Lc 11, 42-46)
¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda hortaliza, y descuidáis la justicia y el amor de Dios!
Para los legalistas, bien representados en aquellos fariseos, lo primero es la ley. Para los discípulos de Jesús, lo primero debe ser la persona. ¿Por qué? Porque, os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros (Jn 13, 34). De ahí que el amor es el cumplimiento cabal de la ley (Rm 13, 10). Podríamos ser de misa diaria y de muchas devociones, y no ser verdaderos cristianos si pasamos por alto a quienes necesitan ayuda: Aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy (1 Cor 13, 2).
Nos engañamos si pensamos que este Evangelio no va con nosotros. Al virus fariseo le gusta camuflarse en los entresijos del cristiano piadoso; es indispensable la luz de la Palabra de Dios para detectarlo. Al Señor le encanta que nos tomemos la libertad de actualizar sus palabras y sentirnos aludidos. ¿Posibles actualizaciones?
-¡Cuidado! ¿No me refugio en leyes y costumbres para evitar atender a mis prójimos?
-¡Cuidado! ¿No pretendo que los otros se adapten a mis ritmos evitando yo discernir y adaptarme a los del Señor?
-¡Cuidado! ¿No me pongo a mí mismo como punto de referencia de los demás?
-¡Cuidado! ¿No será que mis ejercicios de piedad conviven con el desconocimiento de las fuerzas negativas que motivan mis acciones?
Le agradecemos al Señor sus avisos, y le pedimos nos dé abundante humildad que nos saque de la mentira y nos mantenga en la verdad.
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