15/02/2026 Domingo 6º (Mt 5, 17-37)
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Habéis oído que… Pues yo os digo.
Hasta seis veces repite Jesús estas palabras. Quiere establecer la oposición entre lo antiguo y lo nuevo. A pesar de eso, hay cristianos que viven la vida cristiana desde el habéis-oído-que; desde Moisés. Otros la viven desde el pues-yo-os digo; desde Jesús. Quien no conoce a Jesús, vive lo cristiano desde Moisés, y ajusta su conducta a lo establecido, y cree que es suficiente con no matar, no robar, etc. Y no se hace preguntas porque todo está dicho.
Jesús nos invita a no vivir preguntándonos hasta dónde podemos llegar sin pecar. En la vida que Él nos ofrece y quiere que disfrutemos, no hay espacio para cálculos mezquinos; como no los hay entre dos personas que se quieren. Jesús nos invita a una vida de los amplios y luminosos horizontes que brotan del amor y de la confianza.
Jesús nos hace ver que los mandamientos son útiles y buenos, pero que son solamente el comienzo. Que para cumplirlos cabalmente hay que ir más allá de la letra. El Papa Francisco dice que los mandamientos que Dios nos ha dado no deben encerrarse en la caja fuerte asfixiante de la observancia formal, pues de lo contrario nos quedamos en una religiosidad externa y nos hacemos siervos de un dios-amo en lugar de hijos de Dios-Padre.
Uno de los toques de atención de Jesús es éste: Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y vete primero a reconciliarte con tu hermano.
Primero el prójimo, luego Dios. El primer espacio del culto al Dios de Jesús es la persona humana. Los otros espacios de culto, los otros templos, vienen después. Los seguidores de Jesús deberíamos tener claro que la presencia del Señor en el hermano es tan real como la presencia eucarística: Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40). Mi relación personal con mi Señor se pone de manifiesto en mi relación con mis prójimos.
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