15/05/2026 San Isidro (Jn 16, 20-23a)
- hace 3 horas
- 2 Min. de lectura
Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis mientras el mundo se divierte; estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
¿Es posible dar una respuesta que explique de manera convincente la razón de ser del sufrimiento y de la injusticia? No, no es posible. Los seguidores de Jesús no recurrimos a razones; recurrimos al Crucificado. Recurrimos a quien nos asegura: En el mundo tendréis tristezas, pero tened ánimo, yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). Pablo, firme en su fe en el Crucificado-Resucitado, dirá: Todo lo puedo en aquel que me conforta (Flp 4, 13). Y también: Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rm 8, 31).
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora.
La Mujer y la Hora; dos realidades profundamente relacionadas. Jesús asume la hora de la cruz como la mujer la hora del parto. Y quienes seguimos a Jesús debemos afrontar la cruz de igual manera. La cruz es la puerta de acceso a la mejor fe y al mejor amor. Así lo canta san Juan de la Cruz: El que allí llega de vero – de sí mismo desfallece; - cuanto sabía primero – mucho bajo le parece, - y su ciencia tanto crece, - que se queda no sabiendo, - toda ciencia trascendiendo.
Con la imagen del parto evocamos a María en su parto más penoso. A los pies de la cruz, cuando nace la nueva humanidad, escucha estas palabras de su Hijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Todos experimentamos, en sentido figurado, los dolores del parto: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto… Nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo (Rm 8, 22-23).
Comentarios