16/07/2026 Nuestra Señora del Carmen (Jn 19, 25-27)
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Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.
Celebramos la fiesta de Nuestra Señora la Virgen del Carmen. Suena muy bien eso de Nuestra Señora; la ponemos a la par de Nuestro Señor, su hijo Jesús. Al cabo del año son muchas las fechas en que celebramos a la madre de Jesús. Unas acentúan sus privilegios y su grandeza: Asunción, Inmaculada Concepción… Otras están asociadas a la piedad popular de los pueblos: El Pilar, el Puy… La fiesta de Nuestra Señora la Virgen del Carmen es una fiesta universal porque es la fiesta de LA MADRE. El pueblo cristiano ha visto siempre en ella el amor fuerte e inquebrantable de una madre. Ella es la expresión más visible y comprensible del amor de Dios manifestado en Jesús, amor llevado hasta el extremo.
El Evangelio nos ha mostrado a María al pie de la cruz, en el centro de un muy pequeño grupo de seguidores de su hijo. María allí, al pie de la cruz, está entrando en lo más profundo del misterio del amor. Un amor que todo lo da y nada se reserva. Ella escucha a su hijo que le dice: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ese hijo somos todos nosotros representados por el discípulo Juan. Y a todos nos dice Jesús cuando se dirige a Juan: Ahí tienes a tu madre. Es la madre universal, es mi madre.
Celebramos esta fiesta como los hijos celebran la fiesta de su madre en torno a la mesa familiar. Damos gracias al Señor por el regalo de nuestra madre biológica y damos gracias a Dios por el regalo de nuestra madre espiritual. Y que esta fiesta nos ayude a quererla cada día mejor. Recordemos que hay quereres que parecen verdaderos, pero no lo son; por superficiales, por posesivos, por interesados, por poco comprometidos…
Hoy nos preguntamos todos: ¿Cómo es mi devoción a la madre de Jesús? Si soy devoto de María sin conocer debidamente a Jesús, entonces mi devoción mariana, aunque parezca fervorosa, no es auténtica. Si mi devoción mariana es auténtica, entonces mi vida, como la de ella, se parecerá a la de Jesús, el amador hasta el extremo. Y viviré la vida al compás del Magnificat.
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