17/07/2026 Viernes 15 (Mt 12, 1-8)
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En cierta ocasión, Jesús atravesaba unos campos de trigo en día sábado.
Los campos de trigo cambian de traje: del verde al amarillo. El grano, todavía blando, comienza a doblegar la espiga. La primavera cede el paso al verano. Jesús y los suyos, en el día del descanso semanal, pasean disfrutando de la naturaleza. Es una hermosa estampa. Los fariseos la estropean con su intervención: Mira, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida.
¿Por qué tanto interés en observar y criticar conductas ajenas? Es una de las características del espíritu fariseo, junto con la de creerse mejores que otros. Es una de las caretas más sofisticadas del ego. Se manifiesta cuando ponemos la institución o la ley por delante de los hermanos; cuando Dios es primero y los prójimos segundos.
Si comprendierais lo que significa quiero misericordia y no sacrificios, no condenaríais a los inocentes.
Si comprendierais. Parece evidente su resignación. No tiene ninguna esperanza de que sus palabras sean entendidas y aceptadas. Sucede también hoy; los más incapacitados para entender y aceptar a Jesús son personas observantes y responsables que creen saberlo todo en materia de religión. Personas fanáticamente inmovilistas e intransigentes en lo político y en lo religioso.
Quiero misericordia y no sacrificios. El espíritu fariseo es amigo del juicio; el Espíritu del Señor, de la misericordia. Y la misericordia se ríe del juicio (Sant 2, 13).
El Papa Francisco decía: Hay cristianos sin Cristo, sin Jesús. Son, por ejemplo, quienes tienen la enfermedad de los fariseos. Son cristianos que ponen su religiosidad en muchos mandamientos. No. He aquí una regla: soy un buen cristiano, estoy en el camino del buen cristiano, si hago lo que viene de Jesús o me lleva a Jesús porque Él es el centro.
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