18/06/2026 Jueves 11 (Mt 6, 7-15)
- hace 10 horas
- 2 min de lectura
Cuando recéis no seáis palabreros como los paganos, que piensan que a fuerza de palabras serán escuchados.
Cuando hablamos, especialmente cuando hablamos mucho, ocupamos el centro del escenario. Convertimos el diálogo en monólogo y rompemos la comunicación. La solución es el silencio; el silencio de la escucha favorece poner a Dios y prójimos en el centro del escenario.
Vosotros rezad así: Padre nuestro que estás en los cielos.
Es la oración de un hijo. Oración transida de confianza y ternura. Jesús no improvisa; enseña lo que lleva en el corazón y pone en práctica cada mañana, cuando se retira a lugares solitarios a orar. Cuando rezamos el Padrenuestro debemos sentirnos en comunión muy íntima con Jesús. El Padrenuestro es más que una oración; es la actitud de una vida colmada de confianza: Yo soy para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla (Os 11, 4). Confianza, incluso cuando todo se oscurece.
Santificado sea tu Nombre.
Resuena, como telón de fondo, la Palabra de Dios en el profeta Ezequiel: Mostraré la santidad de mi Nombre profanado entre los paganos, que vosotros profanasteis en medio de ellos, y sabrán los paganos que yo soy el Señor cuando les muestre mi santidad en vosotros (Ez 36, 23).
Pues si perdonáis a los hombres las ofensas, vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros.
Jesús insiste en el perdón. También san Pablo insistirá ante las primeras comunidades cristianas. A los cristianos de Éfeso: Sed amables y compasivos unos con otros. Perdonaos, como Dios os ha perdonado en Cristo (Ef 4, 32). A los de Colosas: Soportaos mutuamente; perdonaos si alguien tiene queja de otro; como el Señor los ha perdonado, así también haced vosotros (Col 3, 13).
Comentarios