18/07/2026 Sábado 15 (Mt 12, 14-21)
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Los fariseos salieron y deliberaron cómo acabar con Él.
Porque Jesús no respeta el sábado; lo acaba de demostrar permitiendo que sus discípulos arranquen y coman espigas en sábado, y curando en sábado y en la sinagoga al hombre de la mano atrofiada. Ante semejante desacato de la ley de Dios, los fariseos deciden eliminar a Jesús.
Pero Jesús se dio cuenta y se fue de allí. Le seguían muchos; sanaba a todos.
Prefiere evitar el enfrentamiento y continuar haciendo el bien a los que se le acercan. El Evangelista aprovecha este momento para aplicar a Jesús el primer poema del Siervo del profeta Isaías (42, 1-4). Este poema es un verdadero documento de identidad en el que sobresalen la no-violencia y el propósito de salvación universal. Y esto, cuando empieza a hacerse fuerte la oposición de las autoridades religiosas contra Él.
La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará, hasta que haga triunfar la justicia. Y en su nombre esperarán todas las naciones.
Jesús encarna la figura del Siervo con su comportamiento manso y humilde, querido por Dios a pesar del rechazo de su pueblo. En Él convergen las expectativas de todas las naciones. Su tarea es sanar al hombre y establecer la justicia de Dios; es decir, la misericordia. Lo hace sin gritos, sin enfrentamientos, sin quebrar cañas cascadas ni apagar pabilos vacilantes.
Jesús es el Siervo humilde, no el Mesías triunfal que los judíos esperan…; y en el que algunos cristianos siguen soñando. Cuesta asumir la crudeza de la cruz. Todo en Jesús es paciencia, compasión, humildad. No se sale del guión asumido al comenzar su predicación con las Bienaventuranzas.
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