18/08/2026 Martes 20 (Mt 19, 23-30)
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Os aseguro que un rico entrará con mucha dificultad en el reino de Dios.
Después del encuentro con el joven rico, Jesús asegura a sus discípulos que no es posible compaginar ser rico y ser seguidor de Jesús. Estas son las primeras palabras del sermón de la montaña: Dichosos los pobres de corazón. No es posible ser rico y, al mismo tiempo, pobre y dichoso. En otro momento dirá: No podéis servir a dos señores. Hoy llega a decir:
Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios.
No está exagerando; es evidente. Tan evidente como que una figura no puede ser cuadrada y circular al mismo tiempo. San Juan de la Cruz dice que la persona enamorada tiene el corazón robado de aquel a quien ama. Y no tiene corazón para sí, sino para aquello que ama. De aquí podrá bien conocer el alma si ama a Dios puramente o no; porque, si le ama, no tendrá corazón para sí propia ni para mirar su gusto y provecho, sino para honra y gloria de Dios y darle a Él gusto, porque cuanto más corazón tiene para sí, menos le tiene para Dios.
Esta vez los discípulos entienden perfectamente a Jesús: Al oírlo, los discípulos quedaron muy espantados y dijeron: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Entienden que, en el fondo, todos tenemos corazón de rico. Entienden, además, que esto es algo que no podemos cambiar nosotros.
Jesús también lo entiende así; por eso añade: Para los hombres eso es imposible, para Dios todo es posible. Son las palabras más importantes de este Evangelio. Metas que parecen inasequibles, son perfectamente posibles. Será posible que el camello pase por el ojo de la aguja.
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