19/09/2026 Sábado 24 (Lc 8, 4-15)
Salió el sembrador a sembrar su semilla.
El sembrador, la semilla y el campo; son los tres elementos de la parábola. El más importante es el sembrador; aunque luego la explicación de la parábola insista en la importancia del campo.
Salió el sembrador. Dejamos resonar solemnes las palabras del libro de la Sabiduría: Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde los cielos (Sab 18, 14-15).
A sembrar su semilla. La esparce sin miramiento alguno. Es mucha la que será pisoteada por la gente, o comida por los pájaros, o ahogada por los abrojos: Vino a los suyos y los suyos no la acogieron (Jn 1, 12). Pero esto no le importa al sembrador. Él continúa con su tarea. Sabe que la cosecha final será espléndida, ya que llegada la plenitud de los tiempos, todo tendrá a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra (Ef 1, 10).
Los seguidores de Jesús no debemos obsesionarnos con cosechar, con los resultados; también lo nuestro es sembrar, solo sembrar. Sin desanimarnos ante el aparente fracaso de nuestros esfuerzos. Y esto a todos los niveles: el personal y el eclesial. Solemos tener ojos finos para ver el mal y ojos miopes para ver el bien. El sembrador nos transmite una visión siempre positiva.
El que tenga oídos para oír, que oiga.
No todos tienen oídos para oír; solamente aquellos a quienes el Señor se los abre. Esto nos lleva a entender lo privilegiados que somos los creyentes. Hemos escuchado y creído porque Él así lo ha querido: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere (Jn 6:44).
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