20/08/2026 San Bernardo (Mt 22, 1-14)
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El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Sorprendente reacción la de los invitados que rechazan el banquete de bodas con pretextos banales: uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios… Además, algunos agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. Es evidente la referencia al pueblo judío.
Más sorprendente la reacción del rey que envía a sus criados a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. El rey es el personaje central de la parábola. Toda la atención debe centrarse en él.
Los últimos invitados, nosotros, hemos entrado en la sala del banquete sin requisitos previos. En la versión de Lucas el rey dice a sus criados que obliguen a todos a entrar (Lc 14, 23). Y aquí estamos.
Pero, otra sorpresa: Cuando el rey entró para ver a los invitados, observó uno que no llevaba traje apropiado. Le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado sin traje apropiado?
¿Cómo entender la exigencia del traje apropiado? El Papa Francisco responde: El traje de boda simboliza la misericordia que Dios nos da gratuitamente, es decir, la gracia. Sin la gracia no se puede dar un paso adelante en la vida cristiana. Todo es gracia.
Los que estamos en el salón de boda hacemos nuestro el canto: Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo (Is 61, 10). La actitud festiva de alabanza y gratitud es el traje de boda. Que nada, ni mundanidad ni rutina, nos arrebaten ese traje.
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