21/03/2026 Sábado 4º de Cuaresma (Jn 7, 40-53)
- 20 mar
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La gente andaba dividida a causa de Él.
Continuamos en el Templo durante la fiesta de las Tiendas. Es una fiesta especialmente popular que coincide con las cosechas. A Jerusalén han acudido judíos de todo el país. Están divididos respecto a Jesús. Jesús, como predijo el anciano Simeón, es signo de contradicción (Lc 2, 34). Provoca asombro, controversia, confusión, hostilidad… Unos pocos le siguen incondicionalmente. Otros, especialmente de las clases superiores, se le enfrentan. La mayoría no toma partido; le escuchan con gusto, pero sin que eso afecte a sus vidas.
Les dice Nicodemo: ¿Acaso nuestra ley juzga a un hombre sin haberle antes oído?
Nicodemo, que pertenece a la clase superior, admira a Jesús. Pero lo mantiene oculto. Le pueden los miedos y los respetos humanos. Solamente al final, cuando Jesús muere en la cruz, Nicodemo se deshará de sus recelos y seguirá abiertamente a Jesús: Fue también Nicodemo con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras (Jn 19, 39). En Nicodemo se cumplen las palabras de Jesús: Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Jn 12, 32).
Nicodemo había comenzado a acercarse a Jesús al principio del Evangelio, de noche (Jn 3, 2). Jesús le había invitado a abrirse a una experiencia recibida de lo alto; a una experiencia que no sería fruto de sus esfuerzos. Le había invitado a emprender otra vida, a nacer de nuevo, a romper los cordones umbilicales que le tenían enganchado al pasado. Pero Nicodemo no lo tenía claro. Se da cuenta perfectamente de que había mucho en juego. Jesús no ha tenido prisa con Nicodemo; sabe que todo llega a su hora, a la hora de la cruz.
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