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21/06/2020 Domingo 12 (Mt 10, 26-33)

  • Foto del escritor: Angel Santesteban
    Angel Santesteban
  • 20 jun 2020
  • 2 Min. de lectura

No les tengáis miedo… No temáis a quienes matan el cuerpo… No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.

No tengáis miedo. Jesús se lo repite hasta tres veces a los discípulos en el Evangelio de hoy. Muchísimas más a lo largo de todo el Evangelio. Lo repite, por ejemplo, al acercarse a los discípulos angustiados ante el fuerte oleaje del lago: ¡Ánimo!, soy yo; no temáis (Mt 14, 27). Nos lo dice a todos: ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo (Jn 16, 33).

Jesús, para hacer más comprensible su ruego, recurre a los gorriones y a los cabellos de la cabeza; ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga el Padre del cielo. Nosotros valemos más que muchos gorriones. Jesús, que es muy consciente de las dificultades de la vida, quiere que para el creyente la fe sea el apoyo principal ante cualquier tipo de sufrimiento o contrariedad.

Imaginemos cómo sería nuestra vida dominada por la confianza y sin miedo alguno. No es tan difícil imaginarlo. Basta mirar cómo es la vida de un niño pequeño que vive seguro y feliz porque se sabe querido y protegido por papá y mamá. El niño tendrá sus caídas y sus golpes y sus lloriqueos, pero serán cosa pasajera.

La fe no es un tranquilizante. Seguir a Jesús, ser cristiano, tiene su dimensión conflictiva. Por eso, el lugar del Evangelio no es solo la intimidad del corazón. Nuestra fe tiene que ser algo patente, aunque con discreción y sin aspavientos, para todo el que se relacione con nosotros. Un creyente es una persona liberada del miedo; discreta e intrépida a la vez. Tiene claro que lo que domina en su vida no es el miedo, sino la confianza. Tiene claro también que para mantener esta saludable calidad de vida necesita su dosis diaria de Evangelio. Así que, no tengáis miedo, no os turbéis. Creed en Dios y creed en mí (Jn 14, 1).

 
 
 

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