24/02/2026 Martes 1º de Cuaresma (Mt 6, 7-15)
- hace 6 horas
- 2 Min. de lectura
Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en los cielos.
Dos palabras: Padre, Nuestro. Definen la identidad del cristiano. Padre es la palabra que inspira e ilumina la oración y la vida; vida que se pone de manifiesto en el Nuestro, en la fraternidad. Jesús nos invita a una oración y a una vida vividas en actitud de niño.
Actitud de niño, primero, en la oración. Es la actitud de la sencillez de la escucha. Importa poco si entendemos o dejamos de entender, si sentimos o dejamos de sentir, si distraídos o atentos. Mira que te mira, diría santa Teresa. Así de sencillo. Sin complicar la cosa con métodos sofisticados.
Actitud de niño, segundo, en la vida. Es la actitud de la confianza. Confianza de quien sabe que cuando cae y se hace daño, siempre tiene cerca a quien le levantará y le curará las heridas; y restaurará con el perdón las relaciones maltrechas por torpes insensibilidades y egoísmos. Confianza, como la que nos pide Pedro en su primera carta: Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros (1 Pe 5, 7). O como la que pide el mismo Jesús: No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí (Jn 14, 1).
Cuando recéis no seáis palabreros como los paganos, que piensan que a fuerza de palabras serán escuchados.
Somos palabreros. Pero nuestras palabras carecen de consistencia. La palabra consistente y contundente es la Palabra de Dios. Por eso que la escucha atenta de la Palabra de Dios debe ser la tarea principal de la oración. Si tenemos en todo momento ante los ojos la Palabra de Dios no deberíamos dudar sobre si hacemos oración o nos distraemos, porque estamos con Él también cuando distraídos.
Comentarios