21/07/2026 Martes 16 (Mt 12, 46-50)
- hace 44 minutos
- 2 min de lectura
Extendiendo las manos hacia sus discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Así reacciona Jesús cuando le dicen que su madre y sus hermanos le esperan fuera. No es que Jesús desprecie o relegue los vínculos familiares a un segundo plano. La familia de Jesús no tiene nada de excluyente; al contrario, el vínculo de la fe cristiana abraza y vivifica todo vínculo de sangre o de amistad. Decía el Papa Francisco: Los vínculos familiares, en el seno de la experiencia de la fe y del amor de Dios, se transforman, se llenan de un sentido más grande y llegan a ser capaces de ir más allá de sí mismos, para crear una paternidad y una maternidad más amplias.
¿Cómo fue la relación de Jesús con sus familiares? Hubo perfecta sintonía con su madre. A veces la piropea con palabras pensadas solamente para sus oídos. Hoy le dice: El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Otro día le dirá: Dichosos los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen (Lc 11, 28).
Su sintonía no fue tan buena con otros familiares. No le comprendieron. Pensaban que había perdido el juicio y salieron para devolverlo a casa, como vemos en Mc 3, 21. El Evangelista Juan dice: Ni sus propios parientes creían en Él (Jn 7, 5).
En la nueva familia de Jesús los lazos de sangre son vivificados por la fe. En la nueva familia de Jesús, María es la madre. El himno propio de esta nueva familia es el Magnificat.
Comentarios